La primera impresión que tuve de esta peatonal, era simple y llanamente de que era interminable. Hay muchos locales uno tras otro que hacen que parezca un gran centro comercial sin techo. Y en evidencia lo es, pues así es como nos lo han publicitado los agentes de turismo a los que estuvimos consultando. Los precios no nos parecieron ni caros ni baratos, a pesar de que los residentes del lugar siempre nos recomendaron no caer en las compras pensadas para turistas porque los precios suelen ser más elevados que en el resto de los sitios de Buenos Aires.
Aún así nos embarcamos en el paseo por este sitio de la ciudad. No hay mucha exuberancia en los locales, no son de los más sofisticados ni tampoco son modestos. Es un termino medio en el cual uno puede sentirse muy a gusto a la hora de comprar. Tiendas como Fallabella, Zara vienen a mi mente en este momento. El único detalle en el cual repararía antes de ir, es la gran cantidad de gente que deambula por la zona. Sucede que esta peatonal sirve de punto de conexión entre el microcentro de la ciudad y la terminal de ómnibus y de tren. Por esta razón muchas personas que se dirigen a sus trabajos la utilizan, pues a los alrededores de este lugar puede observarse infinidad de oficinas y otros locales. Es verdaderamente una especie de laberinto bien señalizado que te permite recorrerla sin problemas, a excepción de la cantidad de gente y artistas que debes ir esquivando. Lo cual, muchas veces puede llegar a impedirte mirar vitrinas tranquilamente.
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